Ansia

La arena en la garganta me impide hablar normal. Grito o me hundo en el silencio. Bloqueada. Nada de palabras equilibradas. Antes pronunciaba más despacio, masticaba mejor, paseaba con un pie delante de otro, a corta distancia… hasta que algo que no recuerdo ocurrió y me empujó a vivir acelerando las marchas hasta llegar a quinta. Ansiedad, le llaman. No sé qué enfermedad de nuestro siglo. Será.

Es cierto que son pocas las personas las que se manifiestan lentamente, escuchando con atención y mirándote a los ojos. Ya es tan extraño que ocurra que se ha convertido en un suceso paranoramal. Con lo reconfortante que es, ¿verdad? que te miren, te escuchen, te acaricien sin prisa y te lleven a caminar sin un lugar al que llegar.

Casi son sueños. Hasta soñar, se vuelve ansiedad.

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La filosofía como paja mental

Después de algún tiempo me ha dado por leer un librito de filosofía que me encontré en la tienda de revistas del aeropuerto de Málaga y que me llamó mucho la atención. Bajo el nombre de Ética humana se me presentaba una edición finita y asequible sobre cuestiones que me interesan mucho: los caminos.

Caminos personales, cargados de incertidumbre, que tomamos, dejamos o ignoramos y que nos llevan hacia algún lugar por explorar. Preguntas que desde pequeña me quedaban grandes pero que a mí ciertamente me inquietaban: ¿Por qué vivimos? ¿Se acabará el mundo? ¿Cuál es el sentido de la vida?

Respuestas hay tantas como ninguna, pero ese desasosiego siempre lo siento latente en mi vida y me convierte en eterna buscadora. ¿A ti no?

La lectura es un poco técnica, pero comprensible para quienes no es la primera vez que accedemos a textos más profundos. A través de ella, he desempolvado reflexiones con una curiosidad y entusiasmo que ya había olvidado.

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En capítulos breves y concretos nos enfrentamos a cuestiones, tal vez incómodas, sobre las que decidir si incorporarlas a nosotros o considerarlas una paja mental.

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Como las pajas mentales que nos hacemos a lo largo del día son muchas y variadas, yo opto por sustituir algunas demasiado basurilla, por otras como ésta, ya que, por experiencia, siempre te llevan al discernimiento y a adquirir algún pequeño aprendizaje útil y lleno de lucidez. El capítulo 7 habla de la responsabilidad de una manera tan fantástica que deberían enseñarlo los padres a los hijos y los maestros en las escuelas. Aunque, tal vez, deberíamos los adultos aprenderlo primero.

Al final se trata de llevarlo a cabo, esa difícil tarea que implica siempre incorporar un nuevo hábito en la vida: hacer más ejercicio, comer mejor, leer más, elegir la ética como camino… Seguramente no lo conseguiremos, ya que los mismos propósitos siempre se repiten cada inicio de curso y año nuevo. Sin embargo, algo se reajusta en nuestro cerebro aunque ni lo creamos ni lo percibamos. Menos es nada.

15 Recomendaciones para Nueva York

Tras mi primera experiencia visitando Nueva York y escribir una especie de diario de viaje en Facebook con las fotos de cada día, me gustaría aportar información útil para quiénes estéis pensando en viajar a la capital del mundo.

Esto es lo que he aprendido durante mis días allí:

    1. Viajar a New York es caro, pero no imposible. Si te propones ahorrar durante un tiempo y compras los billetes con antelación puede hacerse. Lo más recomendable es sumar todo lo que vas a necesitar para hacer un viaje en condiciones, sin grandes lujos, pero sin penurias, y proponerte ir guardando ese dinero. Esto quiere decir que pienses que una vez allí todo vale el doble, pero que ya que estás no vas a dejar de visitar al menos un museo, una azotea para ver la gran ciudad y comer algún día algo más que perritos y trozos de pizza.
    2. Hay un vuelo directo desde Málaga con la compañía Delta que es una maravilla. Te tratan como a reyes y te dan la opción una vez que vas hacia allá, de viajar al día siguiente y como compensación te pagan hotel y te regalan 1.000 pavos en billetes de avión con ellos. Tienen vuelos también en Europa. Si hacéis bien la jugada, cogeros el billete para una fecha, y el alojamiento en Nueva York para el día siguiente, así podréis decir que sí a la propuesta y no perder el alojamiento de allí. Ganaréis 1.000€ en billetes! Esto lo hacen porque venden más asientos de los que tiene el avión jugando con un margen de gente que luego no aparece o cancela su vuelo. Por eso, como seréis más que asientos disponibles, ofrecen esta opción a quien voluntariamente quiera quedarse. Nosotros quisimos hacerlo a la vuelta, pero parece ser que es sólo con la ida.
    3. Si te mola la TV americana, sus programas y sus periodistas, visita los estudios de la NBC. Están en el Rockefeller Center y hay rutas en español, pero éstas tienen solo unos días y hay que reservarlas. Cosa que nosotros no sabíamos y nos metimos en un tour en inglés. Para esto tienes que ser un poco friki del tema, porque si no, no te dirá demasiado ver los estudios de los programas americanos más famosos o cruzarte con alguno de sus presentadores. Con este ticket te dan la opción de asistir como público a la grabación del programa de ese día Saturday Night Live. Nosotros no pudimos porque a la misma hora ya teníamos una reunión de trabajo, así que nos perdimos la posibilidad de ver en directo a Jon Hamm!

4. Una azotea para tomar un mojito o cualquier cóctel de la muerte la encuentras en la 5ª Avenida 230. Se trata de una terraza espectacular que te sitúa en frente del Empire State y te ofrece una vista 360º de Nueva York. Abre desde las 16:00 y es mejor ir pronto que tarde porque casi siempre hay un evento privado en una de las zonas y la que queda para el público se llena enseguida. Subir es gratis y las bebidas no son tan caras. El mojito me costó 11€ cuando en un chiringuito de Marbella me pedían 12€. ¡No os perdáis esta experiencia!

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5. Para el paseo en bici por el Central Park encontraréis a un montón de tipos en la calle ofreciéndote sus tarifas. Asegúrate de que coges la buena y no una clavada para guiris, porque nosotros no estamos muy seguros de si 50 dolares los dos por 3h no era demasiado. Pero es lo que cogimos. Menos tiempo es una tontería, porque no te da tiempo a nada. Aquello es enorme y con tres horas puedes hacer una ruta circular y parar algunas veces a tomar fotos, pero nada más. Si la idea es dar una vueltecita por el parque olvídate de las bicis. Date un paseo a pie, recuerda que quizás pienses que se parece mucho al Retiro de Madrid y que solo vas a ver una milésima parte de todo lo que hay.

6. Cuando estés por la zona de Central Park, tienes a mano el mejor sitio de todos para comer comida estupenda a muy buen precio, en relación al resto de opciones. Está en la planta sótano del Columbus Circle, un centro comercial que verás muy fácilmente. Se trata de un super mercado gigante con una zona para catering. Puedes elegir entre una enorme variedad de buffet libre y pagas al peso. Todo está buenísimo y aquí la comida basura no existe, podrás disfrutar de cientos de ensaladas, frutas y carnes super ricas. Cuando veas latas con sabores a sandía, mango o cosas así, no caigas en la tentación. ¡Están malísimas!

7. Depende del tiempo que tengas y lo friky que seas ir a Philadelphia puede ser una gran idea. Está a una hora en tren desde Penny Station y puedes ir y venir en un día, aunque solo sea para subir las escaleras de Rocky y entrar en el Museo de Arte de Philadelphia que es maravilloso. Cada sala recrea un país y época artística y encuentras pinturas de Van Gogh, Monet, Goya y otros tantos. Para mí uno de los mejores museos que he conocido porque, además, no es excesivamente grande y no te da tiempo a saturarte.

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8. Supongo que entre las ideas del viaje, estará ver la Estatua de la Libertad. Haces muy bien, porque ni decepciona tanto como dice la gente, ni es tan pequeñita. A mí me gustó mucho. Las audio guías en español están muy bien depende de la paciencia que tengas. A mí me gustan a medias porque me canso enseguida. Son tan detalladas y lentas que no puedo esperar. Después de escuchar las dos primeras descripciones me olvido de ella y me pongo a hacer fotos y a disfrutar. Eso ya depende de tus gustos. Pero existen en todos los sitios a los que vayáis. Nosotros no reservamos la entrada, pero si tenéis mucho interés en subir a lo alto de la estatua, entonces sacaros el ticket con antelación.

9. Si la Estatua de la Libertad es una visita obligada, debe serlo también Ellis Island. En ella encontrarás el centro donde recibían a las oleadas de inmigrantes que llegaban a EEUU a principios del siglo XX. No pienses en un aburrido museo porque es toda una experiencia. Desde que entras te hacen sentir como un inmigrante recién llegado y te van guiando por todos los procesos que entonces pasaban los que venían allí. Aquí sí que tienes que hacerte con el audio guía o no tendrá ningún sentido tu visita.

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10. Cuidado con los taxis. No sólo tenéis que subiros siempre en los amarillos que vemos en las películas, sino que aún así no deben notar demasiado lo turistas que sois y siempre dad una dirección concreta. Si decís una zona o algo muy indeterminado os darán vueltas sin parar mientras sube el taxímetro como quien no quiere la cosa. Recordad: dirección concreta: calle y número o esquina. Depende de la distancia a recorrer no son tan claros respecto al metro, que sale cada billete por 3.50 dolares.

11. Cruzar el puente de Brooklyn es otra obligación, pero hacedlo en condiciones. Esto es: os cogéis un metro hasta allí, cerca del atardecer y lo cruzáis hacia Manhattan mientras se va poniendo el sol. Esto es válido para cualquier otra actividad que implique tener unas vistas de Nueva York, como subir a la azotea del Rockefeler Center o del Empire State.

12. La vida de los neoyorkinos hay que buscarla un poco porque en las zonas que todos queremos ver hay millones de turistas y llega un momento, que entre ellos y todas las referencias televisivas de la ciudad que tienes, te da la sensación de estar en un parque temático. Investiga un poco más buscando recomendaciones de quienes sean o vivan allí y colaros en la New York más auténtica. Nosotros paseamos por una antigua vía del tren que han convertido en miniparque que nos llevó a una zona de bares muy molona. Había turistas, porque es imposible ir a un lugar que nadie conozca, pero la proporción de ciudadanos de allí sube notablemente. Al terminar el recorrido tómate una hamburguesa en el Buby’s NYC porque el sitio es chulísimo!

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13. Union Square, el nuevo centro tecnológico que quiere reemplazar a Sillicon Valley ss una plaza genial con la librería más famosa de la ciudad y un farmer market que te inunda los sentidos con sus puestecitos de fruta y verdura. Cerca de la zona, por Brodway Avenue, está la tienda de disfraces de Halloween más grande del mundo: Halloween Adventure. Como curiosidad, tiene gracia entrar y dar una vuelta. ¡Cualquier traje monstruoso que imagines lo encontrarás allí!

14. ¿Te gusta desayunar salado? Tu opción son los bagels con crema de queso, si pasas de los mega desayunos americanos con huevos, beacon, tortitas y salchicas, que también molan mucho. Los bagels son roscas de pan de diferentes tipos que los tuestan y echan lo que quieras: mantequilla, queso, crema de queso. Con un small latte es el desayuno perfecto! Si lo que te mola es el dulce, encontrarás mil opciones.

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15. No quiero dejar de recomendar el restaurante francés Balthazar situado en el Soho que te hará viajar hasta el París más antiguo y contemporáneo. Es una braserie auténtica con una carta de platos tradicionales franceses. Qué pedir? ¡Pato siempre! toda una delicia. Por este barrio viven muchas estrellas de cine, ¡igual te cruzas alguna!

Creo que no me olvido de nada. Pero si aún así os surge alguna pregunta, dejadme un comentario por si os puedo ayudar.

¡Gracias por llegar hasta aquí y buen viaje!

El elefante desaparece

El elefante desaparece. Reaparece en un bólido gris, del tono exacto de su piel, a la velocidad del mar. Lo miran las hormigas. Las hormigas que bailan a la hora del té en giros parecidos al movimiento de la cucharilla que disuelve el azúcar.

Los alimentos desaparecen y las hormigas se vuelven locas y cantan a las cigarras, que comienzan a preocuparse. Aparece el elefante, esta vez en una vespino verde como la hierba. Con la trompa alzada, se inclina majestuosamente ante el hambre de las hormigas, y las cigarras y el universo. Baja de la moto y se recuesta. Y el sol los mira. Y los relojes los miran, y el tiempo derrite la piel gris del elefante. El elefante que se muere para servir de manjar a quienes morirán de hambre. Que no serán uno como él, que serán cientos y miles.…

y así fue cuando unos comenzaron a comerse a otros.

Solo quedó uno

Las cosas podrían hacerse mejor. Lo sabemos. Hubo en silencio pesado como la culpa y los cuatro se giraron ordenadamente hacia la ventana con la torpe esperanza de encontrar alguna respuesta tras el cristal. Olía a humo. Sin embargo, nadie había encendido ningún cigarrillo.

– Algo tendremos que hacer.

– Y lo haremos. – respondió uno de ellos.

No recuerdo quién lo hizo primero. Pero antes de un minuto, cada uno de ellos fue saltando hasta estrellarse contra el asfalto.

Solo quedó uno, quien definitivamente gobernaría el país.

Yo no iba a Ruido Rosa

Yo no iba a Ruido Rosa. Es la verdad. Pero mis amigas sí, no sólo por saborear en sus cervezas la música que amaban, sino porque aquel lugar y su historia formaban parte de ellas. Chicas morenas, castañas, simpáticas, altas o bajas y ruideras.

Lo comprendí las pocas veces que también yo compartí un botellín al ritmo de algún acorde pegadizo que hasta arrancó mis ganas de bailar frente aquel chico guapo que terminó por besarme.

Hoy estoy triste. Porque la sucesión de decepciones te hacen culpar a la primavera, a la vida y a este mundo de mierda que se empeña en seguir aplastando los sueños y las ganas. Las canciones y los movimientos libres que siempre se resisten.

Cambiamos de estación con desesperanza y rabia. Con la piel desgastada y sin saber dónde mirar. Acumulando ausencias.

Escribo, pero contéstame

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Mi primer blog lo abrí en 2005 creo recordar.

Entonces la blogosfera era el gran descubrimiento de la era internáutica y, por casualidad, yo fui de las primeras en llegar.

Mi pasión por escribir la trasladé a la red y casi a diario contaba mis impresiones, inquietudes o anhelos, y los comentarios de la gente llegaban sin mucha dificultad. No existían las redes sociales, pero todo el mundo llegaba hasta ti.

No éramos tantos los blogueros, y bastaba con ser relativamente constante publicando para que cada día encontraras entre 3 y 5 comentarios tu post más reciente. ¿Era la motivación para escribir el hecho de saber que te leían y comentaban?

Ahora que han pasado los años y las responsabilidades, y quizás también la desidia, me ha alejado del hábito de la escritura, pienso que aquellas palabras de desconocidos implicándose en tu vida solo porque sí, me impulsaban a seguir escribiendo. Si durante mi pubertad y adolescencia no era más que un vómito terapéutico que volcaba sobre decenas de cuadernos, con los años y en un entorno donde puedes llegar a los demás, el grito silenciado de los viejos diarios dejo de ser suficiente.

Cuando escribías en una libreta, lo último en lo que pensabas y deseabas es que alguien accediera a esa información. Muy al contrario se convertía en sacrilegio. La intimidad que se creaba entre tu ser más profundo y el papel en blanco producía una conexión secreta e inviolable. ¿Recordáis lo que suponía pensar en que tu madre leyera tu diario? Así muchos de estos cuadernos venían con su llave y candado para que nadie más que tú pudieras disfrutar de ese espacio.

Sin embargo, ahora… no hay decepción más grande que escribir y que nadie te lea. Esa necesidad de reconocimiento, de visibilidad, de que por favor alguien te escuche y te comprenda casi parece la epidemia de esta década.

Ya no se trata de narrar, de expresar, de cuidar las palabras para elegir la más precisa… Los íntimos relatos de entonces se convierten en voces desesperadas, compulsivas e histriónicas que a través, principalmente, de las redes sociales, bombardean las pantallas envueltas en ira e indignación.

¿Es en la era donde estamos más conectados, en la que más solos nos sentimos?