El libro como nuevo objeto escurridizo

Tengo una extraña tendencia a dejar a medias muchas cosas, sobre todo los libros. Me entusiasma empezar una historia nueva, sin embargo nunca consigo llegar al desenlace porque en la página cien como mucho, ya ando investigando algún otro título nuevo. No me pasa como a tanta gente que comenta que si empieza un libro tiene que terminárselo a la fuerza. Nunca entendí ese razonamiento.

Ahora tengo varias obras sin acabar, incluso lejanas relecturas del pasado, y algunos días me conciencio seriamente de que la lectura es una costumbre indispensable que debo alimentar en mi vida. Pero casi nunca consigo encontrar esa paciencia y serenidad que requiere el placer de la lectura: un espacio agradable, cómodo, silencioso. Una postura adecuada, largos minutos sin prisa, esa placidez interna. En un mundo a toda la velocidad se me escapa el hábito de la pausa y me gustaría rescartarlo de allá donde lo perdí. Recuperar la lentitud, hablar con las tortugas.

Te quiero porque estás no por lo que haces

Últimamente me he dado cuenta de cómo el exterior nos atosiga subliminalmente sobre lo útiles que debemos ser y la cantidad de cosas materiales provechosas que necesitamos tener. Y la manera más directa de conseguirlo es mediante el trabajo para demostrar nuestro valor en función de lo productivos que somos y a través del dinero para poder comprar muchas muchas cosas. Es decir: trabaja y hazte rico que así tendrás más valor, te sentirás mejor, y serás feliz. Ufff. Menudo cuento chino.

El problema es llegar a creer por uno mismo que la utilidad de una persona no está relacionada con la cantidad de cosas que es capaz de hacer, tampoco con que la haga en el menor tiempo posible, ni mucho menos con el número de posesiones que tenga. Y que ninguno de esos conceptos tiene nada que ver con el valor de alguien. Es más, que el simple hecho de estar o de dar de miles de otras maneras que no tengan por que ir asociadas al capital hacen que un individuo aporte y enriquezca, y por tanto, valga mucho más. Lo he descubierto en mi largo periodo de paro o de trabajitos pequeñitos y de corta duración. La sensación de no sentirte útil es la que más predominaba y aplastaba mi cabeza y cuando he encontrado nuevas vías de creatividad, entrega y utilidad he visto parpadear una nueva luz en el camino.
Qué gran satisfacción sentir que sirves sin tener que ser productiva ni reproductiva.
Cuántos matices tan sencillos se nos escapan y nos bloquean por un lado y por otro. Qué fácil parece a veces todo y en que poquitas ocasiones alcanzamos la lucidez.
Nada, que hoy me ha dado por eso.
Voy descubriendo a Tachenko

Happiness

Que un tipo de mediana edad un poco calvo y bajito silbe desenfadado mientras elige cuatro pescadillas en el mercado es signo de que está contento y como comentaba el otro día con un amigo la alegría hoy día además de ser un valor en desuso se está convirtiendo casi en una reacción temeraria. Eso leía ayer en una entrada de facebook: “La revolución de hoy día es la alegría“. Y tanto.

A mí me ponen contenta muchas cosas. En eso tengo suerte, soy fácilmente felicitable, en el sentido de hacer feliz fácilmente. (Cómo me gusta inventar palabras) Una cosa es ponerse contenta y otra ser feliz. Lo primero es algo más circunstancial y transitable, lo segundo se refiere a un estado más prolongado, como un sentimiento de fondo que guía las acciones, las reacciones, las frases también. Yo me pongo contenta con gestos espontáneos, con sorpresas, con detalles sutiles, con la luz, los paisajes, los trayectos de tren o de avión, los olores a otoño, a coco, a colonia de bebe, a pastelería, a cebollas y ajo en la sartén… con la ternura, los juegos, las tonterías, las canciones pegadizas, los bailes, el calorcito. Y me hacen feliz las personas transparentes, las que son buenas sin proponérselo y no saben lo que es el interés. También la sensación de haber aprovechado el tiempo, el ejercicio caminando, nadando, con la bici, en la montaña, la calma (sobre todo interior), el aprendizaje, la literatura.

¿Cómo con tantas cosas seguimos con esas caras largas en el metro y esos suspiros de desdicha? Repitiendo el verso de Ángel González que conocí a través de mi amigo Daniel Rogríguez: Es cierto que en este tiempo hostil propicio al odio cada día cuesta más sonreír. Pero que no se nos olvide lo cotidiano, lo cercano, lo palpable porque eso lo tenemos y eso al fin y al cabo es lo que nos da la felicidad.

¡A ver si escribiéndolo aquí lo recuerdo a diario!

Escucho

Mi experiencia tras haber sido estafada en el trabajo (largo, pero real)

A principios de septiembre me llamaron de una empresa a la que me había inscrito a través del portal de empleo Infojobs para hacerme una entrevista. La empresa se llamaba grupo LH según el anuncio en la web, pero cuando acudí a la oficina el único nombre que figuraba en la fachada del local era Sistemas de Seguridad y cuando posteriormente pregunté me dijeron que eran The Best Marketing. La oficina se localizaba en Doctor Vallejo 37 y cuando acudí unas 10 personas aproximadamente estaban esperando como yo. Entrábamos de dos en dos al despacho de un joven enchaquetado que era quién nos entrevistaba. Cuando fue mi turno entré con otra chica, no estuvimos en la sala más de 15 minutos y las preguntas no podían ser más básicas: aspiraciones, has dirigido grupos, y poco más. En el anuncio solicitaban RRPP para departamento de marketing pero en la entrevista no quedonada claro a qué se dedicaba la empresa, ni en qué iba a consistir nuestro trabajo: “somos una empresa en expansión, que está abriendo oficinas y que se dedica a promocionar productos de otras empresas” Poco más. A la salida nos dieron una tarjeta para que al final de la mañana llamáramos para saber si habíamos sido seleccionadas. Ese primer punto, ya resultó extraño.

Llegada la hora llamé por teléfono, qué casualidad, ¡había sido seleccionada! Por un momento me paré a pensar qué podía haber hecho o dicho para haber sido la elegida cuando lo único que sabían de mí eran cuatro datos irrelevantes que me habían preguntado en la entrevista y en un formulario que tuve que rellenar al llegar sobre si tenía pareja o a qué países había viajado. Habían visto mi curriculum también, ¿pero qué me diferenció del resto? A lo mejor tuve más cara de boba que los demás y les parecí un perfil estupendo al que manipular.

Me citaron al día siguiente para reunirme con el gerente. Pero al llegar a la cita prevista, sólo me encontré con un grupo de gente que salía de una reunión y un chico que me dijo que me fuera con él, que iba a acompañarlo en una jornada de trabajo para que así viera directamente si me interesaba el puesto. Al final de la tarde me dirían si había sido seleccionada. Segundo momento raro: ¿Pero no había sido seleccionada ya? La tarde consistió en ir hasta Villaverde Bajo con otras dos personas sin tener ni idea de a lo que iba. Durante el trayecto el chico me preguntaba sobre mi vida: aficiones, inquietudes, etc y me hablaba de las suyas. Al llegar fue cuando sacó el catálogo de lapromoción de las alarmas de Securitas Direct y me explicó que iríamos por comercios ofreciendo la promoción a los dueños. Yo sólo tenía que ver cómo lo hacía y preguntar lo que quisiese. Pregunté muchas cosas, es verdad, de cómo debía dirigirse uno al cliente, ventajas de la promoción, etc, etc. Al volver, 4h después, con el consiguiente gasto de transporte, el chico se reunió con el gerente y después entré yo en el despacho para quedarme a solas con el gerente. Me preguntó si me veía capaz de hacer ese trabajo y las condiciones laborales: por vender 4 alarmas al mes me pagarían 800e fijos y por cada alarma de más 100, 150 y hasta 200e según fuese incrementando el número. Tal como lo explicaba estaba bien y por lo que había visto no parecía tan complicado. El otro sistema de pago que proponía era directamente a comisión cobrando por cada venta  más que por la primera opción. Elegí la primera alternativa porque eso me aseguraba ganar un mínimo de 800e al mes, tal como me lo había explicado. Tenía que llegar a 4 alarmas y si hacía menos entiendo que me pagarían las que hubiera hecho. Pero su explicación no fue a más.

Empecé a trabajar al día siguiente. Cada día había que estar en la oficina a las 15.30h para que nos enseñaran el sistema de trabajo y empezásemos a practicar. Nos reuníamos todos los que estábamos (alrededor de 20 jóvenes de 18 a 35 años) en una sala en un sótano donde el líder que podía ser uno de los dos socios nos hacía gritar una especie de grito de guerra y nos motivabacon mil y una estrategia comunicativa que nos hacía creer, en definitiva, que poniéndonos las pilas y vendiendo alarmas a puerta fría nos íbamos a hacer millonarios, con cierto esfuerzo, eso sí. Era alucinante. Conseguía hacernos creer que un trabajo tedioso, aburrido, agotador e infravalorado por la sociedad nos iba a dar la felicidad y a convertir en las personas más ricas del mundo. Y todos salíamos de allí super motivados, convencidos de ello. Tercer momento preocupante. Me pregunto en qué clase de mundo virtual vivía yo para no darme cuenta de todas esas señales, pero como el ambiente era agradable y los jefes se encargaban de valorarte y hacerte sentir útil, pensé que no tenía muchas más opciones para ganar dinero. Máxime cuando llevaba un año en Madrid buscando un trabajo estable.

En mi primera semana vendí cinco alarmasO eso creía yo y eso me hicieron creer. Poco a poco fui descubriendo más cosas como que las ventas no terminaban con el simple hecho de que yo consiguiera que el cliente firmara el contrato. Después tenía que confirmarlo por teléfono, no arrepentirse cuando fuera el técnico a ponerlo, ni los 20 días después de prueba. ¿Cómo lo descubrí? Escuchando a los compañeros y con algún que otro comentario de mi jefe en días sueltos en el que me decía que estaba llamando a uno de mis clientes para ver si lo localizaba. Las semanas del mes de septiembre fueron pasando y la tranquilidad de los primeros días de mis 5 ventas y por tanto mis 900e al mes empezó a desaparecer. Un día mi jefe decía que no tal venta se había caído, otra que no sabía y así el número 5 iba oscilando y yo teniendo que trabajar más para asegurarme el dinero. Fue así como ellos te “invitaban” a que también trabajaras por la mañana para conseguir cumplir los objetivos. Y me ví a los 10 días saliendo de mi casa a las 08:30 de la mañana y volviendo pasadas las 11:00 de la noche. Tenía que comer fuera, pagar transporte y todo de mi bolsillo. Además, todos los lunes por la mañana había formación a la que “también era conveniente asistir” y algún sábado por la mañana reunión sobre la empresa y cómo hacer carrera en ella. Durante ese mes mi vida se redujo a trabajar, dormir y en ocasiones comer. Soñaba con alarmas, deliraba. ¿Nos estaban comiendo la cabeza? Desde luego aquello no era normal. Y a todos nos parecía lo más lógico del mundo.

Después de las dos semanas de prueba, en las que tenía que demostrar que era capaz de hacer dos ventas, firmé un contrato por obra y servicio en el que se reflejaba que mi salario sería según convenio. Al terminar septiembre, se acercaba el día de cobrar y yo no sabía que había sido de mis ventas. Ninguno de mis jefes me había informado, así que un día sin más se me ocurrió preguntar por ello (bendito el momento) la conversación en el metro con mi supervisor fue sencilla: “Por cierto, qué fue de las cinco alarmas que vendí este mes?”, respuesta: “honestamente, Sandra, no ha salido ninguna”, “Entonces eso quiere decir que…” No hizo falta que terminase “Sí, eso quiere decir”. Y ese querer decir se refería a que no iban a pagarme nada. Le dije entonces a mi supervisor que esa tarde no iría a trabajar y que no pensaba seguir un mes más trabajando mañana y tarde de casa en casa y de local en local, gastándome dinero en transporte y comida, haciendo ventas y sin saber qué va siendo de ellas y tener garantía cero de cobrar algo al finalizar el mes. Intentó convencerme de que me quedara, pero no lo consiguió. Esa tarde fui a la oficina para comunicarle a miotro jefe que me marchaba pero no apareció, ni llamó nunca. Fui yo quien le insistí con varias llamadas para vernos antes de firmar mi baja, pero fue imposible. Nunca podía.

Terminé por firmar mi baja y enviarla por mail para olvidarme cuanto antes de toda aquella pesadilla.

A los días, miré en internet. Parece que no he sido la única estafada y parece que el nombre de la empresa va cambiando según les conviene. En el enlace que os adjunto figuran más experiencias como la mía y todas las personas a las que se refieren existen. Yo misma las conocí: Ana, Christian, Roberto, Raquel…


A pesar de todo, sobrevivo. Gracias a los que me queréis.


Como debe ser

Pensaba antes en el bien y el mal, porque me encuentro muy a menudo soportando una presión inconsciente sobre lo correcto o incorrecto, el compromiso, el instinto y alguna cosa más. Y es que no lo tengo muy claro. Hay bienes y males evidentes pero otros muy sutiles que se han instalado en nuestro riego sanguíneo para alimentarnos exclusivamente de malestar y confusión. Educación, lo han llamado unos cuantos, moral…

Debería haber comido a una hora prudente, pero hasta este momento no me está dando hambre. ¿Eso está bien? me imagino un dedo por encima de mi cabeza reprochándome mis malos hábitos alimenticios… otra vez estamos en las mismas.

Más allá de aquí

No creo en Dios, pero creo que creo en algo aunque no sé muy bien cómo es: ni su forma, ni tamaño, ni siquiera funciones. Imagino que en realidad es un recurso del cerebro, que se aferra a algo ante las adversidades, la incertidumbre y el desasosiego.

Puestos a elegir, creería en las hadas pero nos han dejado tan claro que no existen que me resulta francamente difícil dirigirme a ellas como salvavidas mirando al techo con las manos cruzadas. Será por refugios… los terrenales, los místicos, los que cuentan con ambas cosas: drogas, sectas, energías y esoterismos… Será por oferta de creencias.

Pues hasta en esto me hago un lío y tanta variedad sólo me aporta más confusión.

A lo mejor el truco está en empezar por creer en uno mismo, que me parece a mi que va a ser de las religiones más complicadas.

Donde se puede decir lo que siente

Nacho Vegas pone triste, pero tiene una voz que no sé. Y las letras. Las letras pueden ser poesía. Pero si fuera poesía escrita en un libro con una portada violeta y algún título especial, nadie lo leería y Nacho Vegas sería un desconocido. Un poeta entre sus amigos que podría haber triunfado.

Porque la poesía no está de moda, pero el rock indie sí. Muy de moda. Y es así cómo los jóvenes hablamos de emociones, a través de canciones con guitarras de fondo y voz exprimida. Así sí es lícito y hasta interesante sentir lo que siempre se sintió: amor, desamor, miedo, orgullo, rabia. Se salva el romanticismo así, camuflado, edulcorado, escondido porque crea vergüenza.

Quiénes somos.
Qué nos ha pasado.

Nacho, por si queréis escucharlo.