El libro como nuevo objeto escurridizo

Tengo una extraña tendencia a dejar a medias muchas cosas, sobre todo los libros. Me entusiasma empezar una historia nueva, sin embargo nunca consigo llegar al desenlace porque en la página cien como mucho, ya ando investigando algún otro título nuevo. No me pasa como a tanta gente que comenta que si empieza un libro tiene que terminárselo a la fuerza. Nunca entendí ese razonamiento.

Ahora tengo varias obras sin acabar, incluso lejanas relecturas del pasado, y algunos días me conciencio seriamente de que la lectura es una costumbre indispensable que debo alimentar en mi vida. Pero casi nunca consigo encontrar esa paciencia y serenidad que requiere el placer de la lectura: un espacio agradable, cómodo, silencioso. Una postura adecuada, largos minutos sin prisa, esa placidez interna. En un mundo a toda la velocidad se me escapa el hábito de la pausa y me gustaría rescartarlo de allá donde lo perdí. Recuperar la lentitud, hablar con las tortugas.

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