Tiempos de lluvia

No llueve. Han pasado semanas desde las últimas baldosas mojadas y el aire helado del invierno ni siquiera nos regala la nieve. Yo, como ellos, también espero la lluvia a pesar de masticar el sol cada mañana y desearlo de forma extravagate. El agua me devuelve al origen, a la microcoscópica vida de ser. Simplemente. Un monosílabo desapercibido, suavez y fugaz. Levanto la vista al deseo de un cielo opaco del que se desprenden los planes de quienes desaparecieron y dejaron tanto por hacer. La lluvia nos trae a los muertos que reclaman su recuerdo en la transparencia azulada de la humedad. Me pregunto qué fue de las tormentas, de las nubes quebradas y los espíritus, que guardan ya sus palabras y recogen su cuerpo en la estela rizada del infinito. Con el sol se incendiaron las promesas y los hombres huyen enloquecidos ante la esterilidad de la tierra y la sequía interna de la humanidad. Habrá un tiempo de lluvia, de música y frutos blancos. Un nuevo renacimiento.

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