Arteria Utopía

by *libelle en deviantart
Estoy leyendo a Murakami en su prosa más desnuda y realista con la que el universo más fascinante que recrea es el de su día a día. Una reflexión intermitente acerca de la vida a través del acto cotidiano de correr y también el de escribir. Contaba en las últimas páginas que voy leyendo que para escribir una novela, siquiera escribir sin más, hay que tener talento. Una dosis mínima al menos, así como la concentración y constancia imprescindibles si la intención es llevar a buen fin el acto creativo de largo recorrido que exige un género como la novela.

Reflexionar sobre el talento me resulta algo dificultoso, sobre todo porque no sé exactamente cómo podría medirse algo así. ¿Viene relacionado igualmente con la inspiración? Dicen los escritores que a muchos les visitan las musas cuando menos imaginan o se les acumula un puñado de frases en la boca cuando no tienen intención alguna de crear una historia. Y entonces, no tienen más alternativa que vomitar esas letras que lo asedian antes de que provoquen un corte de digestión. ¿Es eso el talento? ¿Contar con una fuente creativa que brota a sus anchas y a la que puede ser interesante canalizar hacia la comunicación escrita?
Si es así podría decirse que en algún momento he vivido experiencias de ese tipo y que, en ocasiones, además de despertarme las pesadillas, también lo hacen las palabras. Como ha ocurrido hoy y por lo que vengo a actualizar este blog. El amanecer me ha sorprendido con dos sustantivos tan inconexos como conexos, pero absolutamente descontextualizados: Arteria Utopía. Parece un título de algo, ¿pero de qué? 
Artería: corazón, órganos, cuerpo, humano, amor… 
Utopía: sueño, deseo, lucha, esperanza, imaginación…
De momento les daré forma usándolas como título de esta entrada y si de nuevo debo encontrarme con estas dos palabras, veamos dónde puede ser.
Lo del talento no sé, pero lo de la concentración y la constancia lo tengo mucho más claro: creo que nunca llegaré a ser novelista. No pasa nada, tampoco me lo había planteado. Y mientras existan algunos como Murakami y otros cuántos más (Sampedro, Carmen Martín Gaite, Cortázar…) ¿qué más hace falta?
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