Ojos que lloran, corazón que no mira

Pinterest: Joanna Riquett

Todos hemos disimulado. Girado un poco la cabeza, sin que apenas se note, por la curiosidad, para volver rápidamente a la pantalla e incluso ponernos los cascos ante algún entretenido video de youtube. Ni movernos. El locutorio de la calle Toledo ha exprimido la obviedad hasta reventarla y hacerla desaparecer cuando en el minuto doce de las tres de la tarde un hombre ha roto a llorar en una de las cabinas contiguas a los ordenadores. Las lágrimas han sido sonoras como el desgarro de su dolor que le ha asaltado en mitad de su llamada para darle la vuelta a su corazón y convertirlo en agua. Pero ha dado igual. El ambiente se ha vuelto gelatina y las nubes de algodón, porque nos hemos vuelto niños en la sala y no hemos sabido donde mirar.

Tenemos un bebé dentro, escondido, maltratado, devorado por la sociedad. Pero se revela, estalla y nos mancha las manos ante la imperturbabilidad del adulto. Del mundo mayor de pegamento.

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3 comentarios en “Ojos que lloran, corazón que no mira

  1. Erato dijo:

    Cuando un niño llora nos conmueve y algo se rompe por dentro.Tal vez sea una regresión en el tiempo, aquél que nos hizo estallar en en llanto cuando éramos aún pequeños seres a medio hacer. Cuando un adulto llora, por desgracia salen los muros y las máscaras que nos hemos ido fabricando o asumiendo con el tiempo. Y eso es tan triste o más, mucho más diría yo, que el llanto de un niño.Volvemos la cara ya a tantas cosas…Besos.

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