Rescatada por el europríncipe azul

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Que te digan que van a rescatarte suena muy romántico, no me digáis que no. ¿O acaso lo primero que se os viene a la mente cuando escucháis este concepto no es un intrépido héroe a caballo blanco dispuesto a salvar de las llamas a la hermosa doncella que grita desde su almena? A lo mejor sólo soy yo que con mi imaginación se me va la olla. El caso es que me temo que desde este fin de semana la palabra rescate vendrá asociada a un sinfín de matices confusos nada que ver con los finales felices de los cuentos. Los de “y fueron felices y comieron perdices”, aunque perdices algunos sí comerán, de eso no cabe duda. Ya me imagino a unos cuantos magnates de la banca desatando su furia roja en la Eurocopa mientras brindan y eructan elegantemente por la inyección de euros que van a recibir.

Yo que de Economía entiendo lo justo, comprendo do lo suficiente para saber la estafa retroalimentada a la que estamos sometidos con el tema de la banca, las finanzas, el rescate y alguna palabra mal sonante que lucho por retener. Pero claro, es lo que tenemos si queremos vivir así, en un sistema neoliberal donde lo único que importa es consumir consumir consumir sin que ni siquiera importe si tienes dinero o no. Los bancos especulan, gastan el dinero que no tienen, dejan de poner en circulación crédito y como resultado en vez de pedir responsabilidades, sancionar y hacer justicia, se les premia rescatándolos de su catástrofe con la redonda cifra de 100.000 millones “en condiciones muy favorables”. ¿Cuánto dinero era el que hacía falta para acabar con los niños españoles que viven en el umbral de la pobreza?

Si hubiese que nombrar a la número uno en incapacidad de comprensión numérica, levantaría la mano sin pudor, mis dificultades con el cálculo las tengo asumidas desde hace tiempo. Porque al final las cifras son lo de menos, pues se convierten en cantidades incalculables que se terminan por verse como un monstruo abominable imposible de controlar. No hace falta ser experto económico para entender de justicia, irresponsabilidad y tiranía. 

Para saber que la historia se prolonga por los siglos de los siglos y mientras los ricos siguen con su despotismo haciendo lo imposible por ser más ricos, los pobres continúan deslizándose hacia una pobreza evitable coloreada de eufemismos. Si queremos capitalismo, esto es el capitalismo.

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