Personajes

Pinterest: Gerardo Mora

Detrás del personaje, el escenario se transforma en una caída libre de arrugas que entorpecen el corazón. Una voz enlatada, un juego de manos que sólo en el aire encuentran su espacio, un silencio, una reacción y el mundo a los pies como una marea nocturna que llega y se aleja hasta desvanecerse en la orilla infinita del otro lado del mundo.

Sobre los hombros, el conjuro invisible de la mentira de la capa y el sombrero que desnudan la realidad. Una verdad contaminada y permitida sólo bajo el resplandor del impenetrable foco. La ligereza y la contracción, el miedo, los pies temblando. El poder de quiénes nos somos ni nos atrevemos a ser. Un pozo coloreado de sombras.

En el pecho, un agujero limpio y perfecto que se deja atravesar por la luz suicida de la desnudez. Que se comprime y se agranda al ritmo de una música infantil que sólo el actor escucha, y tararea y baila, siempre en soledad. Como un ensayo de su vida, que maquilla e interpreta hasta convertirla en un cotidiano credo creíble.

Dentro del personaje, una espiral cuadrada, incompleta y diseñada para enterrar los precipicios, olvidar las montañas, volcar los océanos en botellas, y ayudar a escapar. Giros centesimales partidos hacia uno mismo, el personaje, la libertad, la vida distorsionada de lo que nunca será.

Anuncios

Yo, contigo


A mí me gusta la gente, aunque reconozco que no toda. Es más, creo que sólo me gusta alguna muy concreta pero cuando me gusta, me gusta de verdad. Tan de verdad que no sé si a veces me paso en el entusiasmo, si es que se puede pasar uno queriendo a alguien sin llegar a lo enfermizo.

A la vez me gusto yo misma. No me leáis mal, con esto me refiero a que me encanta la soledad y todo lo que ella me ofrece: los espacios en silencio, la reflexión, la escritura, los libros, la música, el sueño y todo cuánto estar sola te hace crecer. Sin embargo, yo sé que necesito del otro. Del amigo, el hermano, la prima, el conocido, la compañera o la persona fugaz que pasa por tu vida. 
Sola soy capaz de ver el mundo con una mirada amplia y una sonrisa contagiosa. 
Sola sé que puedo crear, inventar mis propios senderos, canturrear viejas canciones o llorar como un bebé. 
Sola existo, me miro el ombligo, levanto la vista para contar mi historia y si no tengo nadie delante el aire se convierte en un gélido hueco que tritura el sentido de mi sentido.
La anestesia del individualismo se me escurre rápidamente para recordarme que la vida sin otro escuece. Porque no quiero caer en la trampa del ir sólo a lo mío, buscar salvar mi pellejo, acumular céntimos antes que el que tengo enfrente, ladrar, morder y devorar, no quiero ir por libre. Me engancho a la libertad de ir todos a una, de reconocer en las manos del otro las mismas heridas que sentí yo en cualquier otro lugar del cuerpo. Quiero ser más de una, hasta dos, tres y un millón. Hasta la cifra quebrada que desbarate las cuentas y demuestre que en este mundo unidos giramos en la dirección correcta: en nuestra propia dirección.