La ideología de la imaginación

Si tengo que reconocer que mi modo de pesar se parece a un anuncio de aerolíneas argentinas, no me importa asentir con la cabeza y rendirme. Y si además debo confesar mi enamoramiento por Rodrigo Noya quien supo seducirme en El sueño de Valentín hace unos cuantos años, lo haré sin ruborizarme. Si tengo un hijo alguna vez será como Valentín o Anand y en cualquier caso, espero que se parezca a su padre 😛

Y vosotros, ¿sois capaces de guardar un avión en una caja de zapatos?

La imposibilidad de los vacíos vacíos

pinterest (Karen Lawhorne)
Hay vacíos que no se llenan con nada, por eso lo más importante es darse cuenta cuanto antes. Si lo descubres a tiempo, se ahorra mucha energía en esfuerzos en vano por intentar llenar o que te llenen cosas o personas que jamás lo harán porque los vacíos vacíos dejan descosidos los tejidos internos sin posibilidad de reparación. 

Una vez que localizas esos huecos que a veces son circulares pero otras no, y toman forma de hexágono o de manchas angulosas y elásticas con la propiedad de crecer, el dolor no desaparece y ni siquiera llega a encoger pero el entendimiento se queda anestesiado y no busca ya la razón, porque la tiene. “Los vacíos vacíos se produjeron en el pasado y ya nada ni nadie del presente tiene la capacidad de llenarlos. Ni siquiera tú misma” Y así es. La razón se resigna a lo imposible, ni se resiste, ni pierde un segundo más.

El dolor, sin embargo, pervive eternamente de fondo, como un dolor de muelas amortiguado que por largos momentos olvidas pero que en el instante menos pensado se agudiza, se inflama y en pequeños momentos se vuelve insoportable.

Cuando eso ocurre, lo mejor es bailar bailar bailar, como dice Murakami, y si no puedes hacerlo buscar una habitación en la que desatar tu propia guerra, alinear a tu enemigo, reivindicar justica y brindar la paz.

Aunque vaciarse de los vacíos es una ilusión, importa dejarlos limpios, ordenados y sin polvo. Saberse por dentro aproxima a la serenidad a pesar de que la danza algunos días se vuelva tan triste como un andén congelado de ausencias.