Asesinos en serie emocionales

Si de algo me gustaba presumir cuando hablaba de los chicos con los que he vivido alguna historia de amor es que nunca había topado con ninguna mala persona. Las historias comenzaban desde la ilusión y la transparencia y se sucedían más o menos tiempo hasta que llegaban a un final, pactado o no, pero fruto de una evolución distinta, un cambio de destino o el final de una etapa.

He podido alardear de chicos honestos que nunca decidieron serme infieles (y no lo fueron) jugar con mis sentimientos, ser posesivos, levantarme la voz, humillarme o gastarme putadas; por enumerar ejemplos de lo intolerable. Pero como en todas las reglas que existen siempre hay una excepción, y la mía ha llegado recientemente de la mano de un encantador de serpientes capaz de embaucar al más resistente (o inocente) ya sea hombre o mujer. Aunque sin duda alguna, las mujeres son su especialidad. Esta tarde se lo decía a mi madre: “Si a todos en la vida nos toca vivir la experiencia de salir con algún cabrón, mi cupo ya lo he cubierto y espero que no me toquen más” y ella me daba la razón y me decía que demasiada suerte había tenido hasta ahora que “todos los hombres son iguales”. Yo creo que no lo son, pero este tipo de personas son las que hacen perder la fe a cualquiera.

La mala persona que me arrastró con su encantamiento tiene un perfil de asesino en serie emocional. Es decir, ese tipo de personas guapas, simpáticas, románticas y encantadoras (imaginad al típico comercial resultón que quiere venderos algo y trabaja por objetivos) que se dedican a seducir a la chica hasta conseguirla, entretenerse el tiempo pertinente con ella y después aniquilar su corazón. Llegan, embelesan, devoran y pasan a la siguiente. Así, una tras otra (y siempre que encarte, simultáneamente) con insaciable ansiedad. Van por la vida haciendo daño, moviéndose por el impulso de sus necesidades y por supuesto obviando absolutamente los sentimientos de los demás, orgullosos incluso de pronunciar que son ellos siempre los que dejan sus relaciones.

Lo más grave es que no tienen ni idea, habitan en un mundo paralelo fundado en una gran mentira que ellos mismos se creen provocando una distorsión de la realidad realmente asombrosa. Donde todos ven el daño, el egoísmo, la inmadurez, la falta de empatía o la irresponsabilidad… ellos ven todo lo contrario: una gran preocupación por no hacer daño, un gran interés porque la chica esté bien y un mundo paralelo digno de tratamiento médico. ¿Será que cuando todos ven lo mismo menos uno, igual el problema es de uno? ¿Será que cuando creemos que estamos queriendo a alguien lo que estamos es saciando nuestros intereses hasta que nos conviene o nos aburrimos?

Mi mala persona tiene nombres y apellidos, tan comunes como cualquier español amante del flamenco, los toros, el fútbol y las mujeres, y se ha dedicado a mantenerme en una relación oculta durante meses por su propio interés y temor a su ex, a no afrontar situaciones en las que apostar por mí, después de infinitos discursos en los que me quería hacer creer que yo era su pareja “estable y monogámica” con la que quería estar; y un juego después de dejarme del tipo: “no puedo ofrecerte lo que mereces pero quiero estar igual contigo sin ser una pareja”, mientras a la vez también estoy con otra por eso de que me encarta. Pruebo con una y si no puede ser pruebo con otra, alguna caerá. Y me salto, lo que haga falta.

Es fácil que si alguno andáis por aquí leyendo, o alguna, más bien, o sintáis identificados en mucho de lo que describo porque os ha pasado algo muy parecido. Escribir un post como este no es ninguna novedad, pero para mí sí lo es porque es la primera vez en mi vida que alguien se porta así conmigo y la primera en la que me convierto en una víctima más de una colección de chicas que seguramente han sentido lo mismo, si no cosas peores.

Empatizo con las que pasaron por su lado y también con las que pasarán, por lo que a las pobres les espera. Van a creerlo todo, van a sentirlo todo y cuando lleguen las doce en el reloj del príncipe azul la carroza se va a convertir en calabaza y su corazón en otro más de los aniquilados.

Son los asesinos en serie emocionales. Destruyen a sus víctimas por dentro con una cuidada frialdad, mientras cambian de postura y eligen un traje nuevo con el que salir una vez más a conquistar. Ellas no lo saben y lo único que merecen es conocer la verdad.

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4 comentarios en “Asesinos en serie emocionales

  1. Ruth Bermo dijo:

    Excelente, Sandra. Por un momento pensaba Que hablabas del mismo asesino emocional Que me tocó a mí. Cierto es que alguna experiencia mala había tenido antes, pero esa fue de pesadilla. Mentiras del tipo que se iba a Afganistán e incluso se comunicaba conmigo desde allí. Fue un horror y perdí la fe. Pero la vida me ha hecho encontrar ahora una persona magnífica, capaz de lidiar con mis traumas, de entender que soy una lisiada emocional, de quererme a pesar de eso. T ahora, por primera vez en mucho tiempo soy feliz, muy feliz y tengo muchos planes de futuro. Gracias, Sandra, por este post. Saludos

  2. Sandra Cámara dijo:

    Uff, siento que tuvieras que pasar por esa experiencia. Realmente creo que hay gente con problemas que deberían estar diagnosticados. Eso o que el ser humano realmente puede llegar a ser así de ruín.

    Me alegro de que la vida te compensara. A veces no hay que hacer nada porque ella sola se encarga de que todas las piezas queden en su sitio.

    Un abrazo, guapa. Gracias por tu comentario.

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