El mundo futuro no es 2014



Me voy a sacar un billete de avión, dándole a efectuar pago casi con los ojos cerrados, evitando pensar lo que siempre pienso que me hace pulsar el botón atrás del navegador para hacer las cosas como deben hacerse.

Lo compraré en los próximos días en cualquier momento en que ya los regalos no tengan que entregarse porque toca en el calendario, sino porque surgen de la nada, sin excusas ni razones más que la de una voluntad sin normas.

El mundo futuro es ahora. No se parece a nada, ni es necesario mucho más que una canción como ésta que puede cantarse o bailarse al ritmo de las ganas. Con ganas, se gana y, cuando se evaporan, la música no desaparece, sino que se transforma en suaves balanceos y voces que llegan a susurrar lo que el desaliento nos roba.

Condensar doce meses en dos días y hacer un balance casi da corte de digestión porque la intensidad es la palabra que mejor podría resumir mi último año. Los sueños que no pedí fueron los que se cumplieron y los proyectados resultaron ser como un juego de magia donde al final sólo queda humo que el viento aleja más despacio de lo que nos gustaría.

Por primera vez en mucho tiempo mis ganas de soñar se elevan con una libertad asombrosa. La que concede el no necesitar, la de la pureza de quien ya tiene sin desear, la de la serenidad que da el amor que no se pide y se respira en cada partícula de luz. En todos los nombres y en ninguno específico. Reencontrarse con quien es uno se convierte en una vuelta al hogar y entonces nada ni nadie más hace falta.

Estar solo es necesario, urgente, imprescindible para amar sin necesidades, ni exigencias. Recuerdo la sentencia que hace poco alguien me dijo: “Yo, que puedo estar solo, elijo estar contigo“. Fue una frase hermosa que escondía una mentira hoy por hoy no desvelada y es que sólo quien alguna vez ha estado solo, puede constatar que sabe estar solo.

El mundo futuro es aquí y para quienes ya nos sumergimos en él, desnudos y sin nudos, lo entendemos muy bien: estrenar un año nuevo es bordear la trampa de esperar a que las cosas de ahí fuera cambien para descubrir que los nuevos debemos ser nosotros.

Felicidad y facilidad para quienes pasáis por aquí y comentáis y también para los que os resguardáis en el silencio.

Paisajes de mujer

Amo a las mujeres desde su piel que es la mía
Gioconda Belli

Es verano en su copa de vino pero el sol de invierno hiela los cristales más antiguos de la ciudad. En sus ojos, el mar; y la lluvia tan sólo un murmullo lejano portador de recuerdos que como olas invisibles se mecen al ritmo de su corazón. Una danza extraña que palpita entre el alivio y el dolor.

La mujer se sienta hermosa sobre la valla, atenta al atardecer, serena y cuidada, inalcanzable como el amor. Junto a ella “la otra”, esa figura indefinida e indefinible que escapó de una mentira para convertirse en reflejo y en verdad revelada.

Son ellas que se miran sabiendo que son las mismas y que tras su gafas guardan una historia para contar. La que fue, la que no fue, la que les narraron, la historia que creyeron, la que podría escribirse, la que se comenta, la que se calla. Protagonistas de un sueño en común comparten silencios de escarcha, mientras las estaciones bailan en su cuerpo renovando paisajes y regalando una nueva luz.

Diciembre despide un año de falsos proyectos que ya no importan a nadie, ni tampoco a las mujeres que se observan cómplices de un mismo cuento de hadas y se pronuncian sin palabras. Hay algo en el aire que las reconoce y las vuelve fuertes y completas como ciclones desbocados de amor. Nadie más falta.