Gente bonita

Ya lo sabía, pero ellos y ellas me hacen recordarlo cada día. Esta semana especialmente, cuando cada noche he cerrado los ojos con una serena sonrisa por esa gente bonita.

Es Jose y su pato de goma junto al café en el desayuno de esta mañana. Pierre y su entusiasmo en nuestra oficina planeando proyectos comunes y sonriendo mucho. Es Carolina y su llamada inesperada cerca del trabajo. Maripi dispersa entre la alegría y cientos de papeles. Es Miguel Ángel llamándome caperucita o Joaquín frente a mi tostada regalándome trocitos de su preciado tiempo. Es mi madre con su bandeja de roscos de anís para que me lleve a casa, Almudena contagiando la risa, Gustavo inventando imágenes para vídeos promocionales, mi sobrino Pablo a ritmo de Supersubmarina. También Rita y su confianza, Marta y su complicidad sobre los océanos, David con manos abiertas de amigo, Manuela cantándome cancionesCelia y su bote de aceitunas caseras para casa, Pepe y sus regalos por entregar… y más.
La gente bonita camina por la calle en dirección al trabajo o a los sueños por los que decidió luchar. Se levanta a diario, se lava la cara, se mira al espejo con prisa pero con el minuto justo para encontrar en sus ojos un universo limpio y sincero sin el que no salir de casa. Son muchos y son más que los que se empeñan en empañar el mundo, pero se deslizan por la vida sin necesidad de hacer ruido y con el peligro de caer en el olvido. 
Para ellos mi post de hoy, porque merece la pena tener presente a esa gente bonita que te hace recordar que hasta en el gesto más minúsculo puede concentrarse todo el amor en el que jamás habríamos creído.


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4 comentarios en “Gente bonita

  1. MA dijo:

    Caperucita. Ni los lobos mas fieros, ni los bosques mas sinuosos, ni los colores que no sean el rojo son capaces de arrebatarte tu alegría apacible de cuento. Disfruta desde el torreón mas alto de tu castiilo

  2. Anónimo dijo:

    Princesa de la Mariana… El bote de aceitunas viene de gente bonita, sí, pero bonita con V., aunque yo soy la emisaria… La pena es que se acaban las aceitunas. Pero no hay pena que valga porque el campo está lleno de olivos, y la vida llena de ti.

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