Pierre

Cuando Pierre te mira, naces de nuevo. No siempre te das cuenta, tan distraidos como vamos consultando el último whatsapp o actualizando de nuevo el mail por si ya llegó ese correo pendiente a la bandeja de entrada.

Yo cada vez me doy más cuenta, sobre todo los días que me siento menos viva y de verdad necesitaría nacer de nuevo, recordar que respiro, que este es mi planeta, que la vida es un regalo. Solo basta un gesto, un silencio para volver a nacer y Pierre es quién mejor sabe hacerlo.

Otras veces esos mismos ojos hacen que me muera. Se aproxima o mantiene la distancia justa, me mira… y yo pierdo el equilibrio y la realidad de la que vengo se diluye como las ondas que interrumpen el agua cuando alguien decide rebotar una piedra sobre ella.

Pierre llega para abrir todas mis puertas y las suyas y todas las que nos rodean con la energía de un amor tan inimaginado que a veces te asusta. Todos sabemos que el amor de verdad asusta, porque cuando pasa de imaginación a lo real de cada día, uno no sabe qué tiene que hacer. Luego aprendes que con el amor así lo mejor es rendirse y dejarse fluir por él.

viejecitos amor

Nunca pensé que moriría y nacería tantas veces en este último año. Él me lleva a ser la niña más frágil que soy para redescrubrirme en la mujer que sueña con un mundo más bonito; y proyectarme después como tierna viejecita que ve el atardecer en un horizonte salado apretando mi mano arrugada a la suya.

Amo a Pierre y él lo sabe: con nuestros encanto e imperfección, nuestro deseo, aburrimiento, torpeza o miedo a un desamor que taladre el corazón. A veces ocurre que tiembla el pulso, porque parece que vivimos al acecho de una gran desgracia que nos da por recrear en nuestro cerebro, como si fuera de verdad.

Entonces el amor se percata y salta como un tsunami, una onda expansiva que arrasa y devuelve a la vida nuestras miradas. El amor se parece mucho a Pierre, cuando te mira hace que nazcas de nuevo.