Ser padre, ser hombre.

Feliz Día del Padre

Para ser feminista, y tal como está el patio para la mujer, cuánto más nos dedicamos a hablar de ella, más me vienen a la cabeza la situación de los hombres. Tanto que hasta me sorprendo a mí misma rebatiéndome interiormente sobre lo que le pasa a los hombres, además de a las mujeres.

Me ha dado por ponerme en su lugar, más de lo previsto, y si mi lucha por la igualdad de las mujeres la siento diariamente como parte de mi cadena genética, los hombres también empiezan a conmoverme. No todos, por supuesto. Pero son cada vez más los que despiertan mi empatía.

Hombres algunos con nombres propios, apellidos propios o prestados, miradas propias y corazón en reformas. A los que como a las mujeres, también se les exige lo que deben ser, lo que deben sentir, decir, practicar. Un comportamiento predefinido y prejuzgado que inevitablemente les hace estar predispuestos a serlo, para que se les quiera. Como todos queremos que nos quieran. ¿Y si alguno decidiera construirse a sí mismo, desmontar y montarse de nuevo, eligiendo sin clichés la persona que realmente quiere ser? Uy, a lo mejor su opción es no ser padre; como esa mujer que tampoco desea ser madre, pero que sí que tiene mucho más difícil creerlo, decirlo, pensarlo siquiera.

Hace un par de semanas poníamos atención en la mujer. Celebrábamos el 8 de marzo como un día ineludible en el calendario en el que recordar durante 24h lo maravilloso que es el género femenino. Que lo es. Que lo merece.

Hoy, en el Día del Padre, ponemos la atención en los hombres. No, no en ellos. En los que son padres y celebramos el 19 de marzo como día ineludible en el calendario en el que recordar durante 24h lo maravilloso de tener uno papi, lo inexplicable de tener un hijo. Que lo es. Que lo merece… pero me pregunto si sería interesante elegir también un día para fijarnos en los hombres que no tienen su fecha concreta para enorgullecerse como hombres, como lo hacemos las mujeres cada último mes de invierno; o en fijar otro día internacional en algún hueco libre de algún mes para homenajear también a los que decidieron no ser padres. Porque eso, se elige. O sería lo suyo.

Felicito a esos padres que consiguieron ser grandes en su aprendizaje diario de ser un ejemplo para sus hijos y para los hijos de los demás. A los que todavía están en ello, o se han quedado por el camino, perdidos sin una brújula o un mapa que les dijera la fórmula mágica de no defraudar jamás, estar siempre al cien por cien, no permitirse un fallo, ni para sus descendientes, ni para sus esposas, ni para sus madres, ni para la sociedad.

Felicito a los que quieren vivir la paternidad y no pueden, o no les dejan. A los que lo intentaron y lo consiguieron, a los que pensaron que esa no era su elección de vida y aun así llegan a ser mejores referentes educativos que muchos padres que perpetuaron sus genes vete tú a saber por qué.

Porque los días predefinidos en el calendario resultan divertidos, nos animan a ser más cariñosos con el homenajeado/a del momento, nos convencen para comprar algún regalillo y porque, ¿por qué no? #FelizDíaDelPadre. #FelizDíadelHombre, #FelizDíaDelaMujer... y todo lo contrario.

Yo también los enaltezco hoy, pero no solo a los papis, sino a todos los hombres que merecen ser enaltecidos porque se detienen, se piensa, se reconstruyen y eligen, por ellos y no para ellas, ni para los que fijan sus expectativos en lo que deben ser y hacer; aunque no queden días en el calendario para dedicárselos. Eso, es lo de menos.

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