La incomodidad de votar

esperanza

Lo cómodo es pasar. Quedarte en el sofá y cagarte en todos los políticos y gobernantes, casi casi sin excepción. Lo fácil es la protesta del café frente a la televisión, el hastío ante la alarmante realidad que vive este país. La desesperanza y el desencanto en altas dosis de anestesia que dejen a la mayoría convencida de que la corrupción y el robo es la normalidad general de gobierno.

No he votado en la mayor parte de las oportunidades que he tenido. Justo por lo que acabo de describir, fue cuando trascendí un poco más este derecho cuando tuve claro que no me permitiría ni unas elecciones más sin acudir a las urnas. Lo decidí por personas, no esas en las que cuesta creer que serán nuestros representantes, si no por otras, que hace años ya, fueron verdaderos héroes. Auténticos motores de cambio. Esos y esas que lucharon por los derechos de todos nosotros. Los que se mojaron para conseguir que las generaciones del futuro, osea, nosotros, viviesen mucho menos oprimidos que ellos en un mundo más igualitario y justo.

Porque en la historia han existido utópicos, valientes, mujeres que arriesgaron, salieron a la calle, hablaron claro, sin miedo (o con él) pero hablaron y consiguieron sin ningún lugar a dudas cambiar las cosas.

Es por esa gente, por la que todos deberíamos levantar la cabeza y acudir a nuestros colegios electorales y manifestar lo que pensamos, apoyando a un partido o rechazándolo pero jamás desde la abstención.

Ya me cansé de estar en la rueda de la jaula de hamster, abducida y anestesiada por las dosis de “pan y circo” que nos inyectan con el único fin de convertirnos en parásitos. Ya me cansé de la inútil protesta del sofá, de la manipulación de los medios y los programas basura que alimentan nuestro borreguismo.

Por eso y porque creo en los que quieren cambiar las cosas. En los que ya consiguieron cambios, en los que se mueven y dedican su tiempo e ilusión en implicarse. Porque las mujeres también están entre esas personas: voto, participo y tengo fe.

Para que todo siga como siempre con la fuerte convicción de que no se puede hacer nada, que no cuenten conmigo. Yo no pasaré por este mundo sin haber hecho nada por mejorarlo; y votar, es una minúscula manera de hacer algo.

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