El orgullo de cambiar las cosas

“El arte eleva el espíritu humano, sublima sus emociones básicas y cultiva el sentido de ser más sensible a las cosas buenas de la vida. El arte da la paz y la vitalidad a la mente humana y al alma”. 
Leonardo Da Vinci

Pride film still

Vivir un domingo de 2015 como cualquiera de los años 80. La taquilla del cine Madrigal del centro de Granada se ha convertido en un pasaje en el tiempo al pasado en el que el único pasaporte es respirar profundo y dejarse llevar por el séptimo arte.

Hoy el arte ha arrasado mi corazón, mi espíritu y mis ojos que se han conmovido de emoción en más de uno, de dos y de tres fotogramas. El olor añejo de la sala, junto a unas paredes de madera, testigos de infinitas sonrisas y lágrimas, han recreado el escenario perfecto para sumergirse en Pride, un película británica absolutamente imprescindible.

Solidaridad, amistad, ideales, unión, identidad, mujer… se suceden en cada frase de un guión abrumador a través de personajes maravillosamente entrañables. Lo mejor del film es ir a verlo sin conocer su sinopsis. La sucesión de escenas cotidianas y situaciones ajenas que se trasforman en causas propias te hacen implicarte en la historia de una manera rabiosa y conmovedora.

Me pregunto por qué historias como ésta se relegan a los cines menos frecuentados y prescinden de una campaña de comunicación que les llevaría a difundir hechos históricos que todos deberíamos conocer, no sólo por historia, sino por humanidad. El éxito está en las sombras de Grey, donde si debe merecer la pena invertir.

Los medios de comunicación, las redes sociales, el cine… nos inundan de mensajes en los que es fácil asentar en el pensamiento que la raza humana por naturaleza es feroz y despiadada. Noticias, series.. promover la desesperanza por creer en el hombre, como hombre y la mujer, como mujer. Honestos y buenos por naturaleza.

Esta película es un canto al ser humano, a la esperanza y la implicación por cambiar las cosas. Se empeñan en volvernos amnésicos, en inyectar la rabia y el odio en nuestro interior como lo normal, lo común, lo esperable.

Ojalá nos contarán siempre así la historia, desde la perspectiva amable, conciliadora y hasta divertida. Porque los hechos son los que son a lo largo de los siglos, tan sólo cambia la manera de narrarlo. ¿Por qué no hacerlo desde la humanidad y no el salvajismo? ¿Por qué no potenciar lo que une, en lugar de lo que separa? ¿Por qué no impulsar lo diferente como elemento enriquecedor en vez de como amenaza?

Pride habla del orgullo, de ese que nos hace no creernos una causa perdida, nos alienta a dar el primer paso, aunque parezcas un loco y te apoyen solo dos o tres. El orgullo que te hace levantar la cabeza después de cada golpe y te lleva, irremediablemente, de la mano de los que también creen, a la victoria.

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