Como un disparo

Hoy mi padre había comprado un piso en Madrid. “Ese es para nosotros”, me decía mi madre, refiriéndose a ellos dos.  Y yo soñaba. Porque ha sido un sueño. Junto a un ascensor que de nuevo nos llevaban a mí y a otros tres desconocidos al lugar que no queríamos. Tantos años soñando lo mismo que casi ha dejado de darme miedo saberlo. Que la vida te lleva a veces a otro lugar. Y yasta.

En 2019 habrán pasado 20 años del 26 de septiembre de 1999 cuando mi padre se moría a los 60 años y yo empezaba la Universidad con 18.

Morirse es morirse. Por mucho que lo pensemos. Y duela. Más a los demás.