Murakami y el terremoto

Tras el terremoto Murakami se sentó a escribir entre un acantilado y un refresco de soda, al borde de un mar caliente por la sangre de quienes se ahogaron durante la eternidad.

El temblor había destrozado tejados, muros infranqueables y había dejado corazones en ruinas. En ese punto es donde el escritor se reconocía: esa desolación que deja el vacío de lo arrasado en el silencio perpetuo de la incredulidad.

El mar brillaba bajo el aire del otoño.

Gaviotas bordearon la costa con unos chillidos que recogían cientos de lamentos. Y el sol bajo la negritud de la noche amenazante se derretía con las olas.

Al atardecer, Murakami tomó el último trago de soda, recogió su silla plegable y abrochó el único botón de su chaqueta. La boca se le había secado como un desierto milenario, necesitaba agua. Solo un poco de agua.

acantilado gaviotas

 

Aprendiendo a pedir perdón

La mente tiende a olvidar lo malo para dejarnos avanzar y sobrevivir en un mundo hostil en el que muy pocas cosas son sencillas. Olvidamos traiciones, malas palabras, ausencias, falta de incomprensión, ataques… hasta que el interior se sana y se sigue adelante.

Dicen que del amor al odio puede haber una línea muy fina. Y en mi caso cuando se traspasa es porque realmente se ha amado mucho. Este post nace para pedir perdón a una persona a la que hoy he dañado de forma desmesurada e irresponsable por haberme sentido herida por un cúmulo de actitudes e interpretaciones que no vienen a justificar mi comportamiento.

Hoy escribí algo en las redes sociales, unas palabras crueles e impulsivas de las que me arrepiento y en las que ponía en duda el valor de esa persona y su trabajo y esfuerzo. por todo quiero disculparme.

Como decía al principio la mente olvida lo malo, pero en mi caso me ha generado una amnesia por todo lo bueno que también recibí: oportunidades, apoyo, confianza, diversión, regalos, abrazos y hasta hombros en los que llorar.

Siento enormemente que mi inmadurez ante ciertas emociones haya causado hoy daño y aunque cuando la herida se produce ya está hecha; pido disculpas a esa persona a la que quise tanto y que por el hecho de sentirme herida, he dejado que la rabia me llevará a escribir palabras hirientes que han causado dolor.

Lo siento por no haber sabido gestionar la rabia.

Lo siento por no saber poner perspectiva, por no valorar las cosas buenas frente a las malas, por dejarme arrastrar por la ira y por ser, aunque haya sido por minutos u horas, la persona a la que jamás deseo parecerme.

Yo, que tanto hablo del amor, practicando el odio sin mesura. ¿En qué momento uno pierde el Norte?

Espero que estas palabras alivien un poco la tristeza de esa persona y que en algún momento pueda perdonarme.

 

 

Nunca acabar

Hoy he pensado en todas esas cosas que se quedaron a medias y la mente decidió olvidar para poder centrarse en lo verdaderamente importante.

Lo que escribimos y borramos acto seguido. El papel roto en cuatro pedazos al intentar dibujar o dejar una nota romántica sobre el sofá. Esas veces en las que decimos: “Esto… qué iba a decir yo…” y queda olvidado para siempre. “Sería mentira”. O no.

Los mail en borrador o los post que comenzaste pero una interrupción o un relámpago de vértigo te impidieron continuar.

Historias sin fin.

Desde hace poco más de un año los espacios cerrados con gente me agobian sin que antes nunca me hubiera pasado. A lo mejor temo dejar a medias mi vida o no terminar de crearme mientras la gente nace, crece, se reproduce y muere hasta el fin de los tiempos. No quiero hacer lo que no quiero hacer. Aire.

 

Yo también…

Lo pienso a menudo. Incluso durmiendo o cuando menos me espero en la ducha, al pasear o morder una galleta.

¿Por qué ya no escribo?

Y me salen hasta una o dos excusas.

Una. Estoy cansada de ordenador, después de trabajar horas con él cada día. ¿Por qué no inventarán cuadernos que al escribir manualmente se transformen directamente en post? Igual existen…

Dos. No sé qué decir. Y sobre todo… ¿para qué decirlo?

La pregunta se invertía en formato positivo a ver si ayudaba con la reflexión: ¿Por qué antes escribía?

Empecé para desahogarme, continúe para experimentar el mundo de los blogs que me fascinaba con sus formatos, opciones y diseños. Seguí para crear una marca personal como periodista que se reinventaba a la comunicación digital y aportar a quienes estaban en la misma situación que yo. Y paré.

Ha sido hoy, en mi último día con 34 años, tras leer un artículo de opinión en la prensa granadina cuando me he dado cuenta. Me ha fascinado el planteamiento del articulista sobre los libros y el lenguaje y he agradecido que la difusión del pensamiento haga que lectores como yo reflexionen, aprendan o simplemente disfruten.

Escribir enriquece a quien te lee. Existe la posibilidad al menos. No escribir deseándolo es un homicidio.

¿Acaso alguien puede llegar a un blog como este perdido en los resultados de Google, olvidado en las profundidades de la red?

Las palabras me configuran desde niña. No quiero suicidarme. Hubo un tiempo en que me perdí. Quizás me encuentre pronto y lo notéis.