Viajar con Don Quijote

Día 7. Reto escribir 21 días.

La música sonaba en catalán en sus oídos cuando Duna se preguntaba que tipo de gigantes podría imaginar don Quijote si en sus andanzas por las llanuras de La Mancha divisara la hilera de incontables molinos de viento que durante kilómetros se sucedían en su ventanilla de autobús.

Pensaría quizás en un ejército de papas altivos y fantasmagóricos dispuestos a invadir territorios para convertir a los infieles. O tal vez recrearía naves interestelares que aterrizaban en el planeta decididas a establecer conexiones, a través de sus hélices, con otras formas de vida, habitantes de lejanas galaxias.

La música cambió de estilo para tentarla a tararear Supersubmarina. Contuvo las palabras y bostezó mirando al cielo.

El trayecto olía a arena y las curvas de luz de la carretera otorgaban movimiento a los objetos estáticos del exterior que desfilaban antes los ojos de Duna con la delicadeza de una recurrente despedida.

La tierra se volvió sangre cuando un bebé al fondo del autobús gemía como un perro herido. Duna subió el volumen, cerro los ojos y soñó con un Quijote motorista obsesionado por subir aus selfies a Instagram y hacerse viral por ser el caballero inventor de los viajes por el espacio. Tan solo bastaba hallar molinos de viento y dejarse impulsar por sus corrientes de aire circulares hasta el otro lado del atmosfera y poder así abrazar a los muertos. Esos que esperan ver el aspa azul de su whatsapp que les constata que por fin su mensaje ha sido leído.

 

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