Lost

Día 11. Reto escribir 21 días.

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– No entiendes que soy un personaje.

– Y quién no lo es – le dije.

– Pero yo soy un p e r s o n a j e. Creado para un film, diseñado, estirado, exagerado, sintetizado… todas esas coas acabadas en -ado que el creador puede hacer con su criatura si le place. Ya está.

– No me importa. Quiero ser como tú.

– Yo.

– Tú.

– Vale.

– Vale. ¿Ya está?

– Sí, ya está. Tíntate el pelo de rosa, córtatelo a mi estilo. Míralo bien. – y meneó la cabeza hacia los lados en un gesto de sacudida – que te lo dejen perfecto (aunque lo mío era peluca, acuérdate) ¡Ah! y échate crema corporal y facial todos los días. Eso no venían en el guión (ya les vale) y me tuve que dar cuenta yo sola que para ser un personaje coherente tenía que tener la piel lisa como el mármol, pero tibia como la leche y tostada como el cacao. No soporto la incoherencia, qué le vamos a hacer. El clima japonés es horrible y es fácil que salgan rojeces por cualquier lugar.

– Muy bien. ¿Algo más? ¿Algunas recomendaciones para vivir en Tokio? ¿Algo a tener en cuenta cuándo se vive en un hotel? Por cierto… allí lavarán la ropa, ¿no?

– No tengo ni idea. El vestuario me lo daban lavadito y planchaito sin que yo pudiera elegir. Solía ser mono, sí, pero dónde lo lavaban, nunca me lo plantee. Otra cosa. Dúchate de rodillas. Si te pones de pie chocarás con la ducha y te dolerá. Me pasó el primer día. Y cuando vayas de karaoke no te fíes de las marcas de alcohol que te ofrecen. Son como agua oxigenada. Horribles. Aunque en mi copa vieses algo parecido al whisky, siempre era agua con limón. Temas de producción. No me preguntes.

Cuando parecía a punto de pagar la cuenta y marcharse, echó una hojeada alrededor con cierta mirada melancólica antes de llamar al camarero.

– Echaré de menos ese piano. Me proporcionó una ahogada paz inexplicable y algún aliento de placer. Por cierto, cuando bajes a este bar del hotel deja siempre propina a este camarero de siempre y cuando lo hagas piensa en mí.

– Lo haré. Gracias Charlotte.

– De nada. Me marcho. Bob llegará en pocos minutos. Si vas a ser yo cambia el final de la historia. Hasta pronto.

Y cerrando la cremallera de su bolso, me sonrió apenas sosteniendo su mirada en la mía y abandonó el hotel en el delicado paseo hasta la puerta que siempre reproducía.