Solo quedó uno

Las cosas podrían hacerse mejor. Lo sabemos. Hubo en silencio pesado como la culpa y los cuatro se giraron ordenadamente hacia la ventana con la torpe esperanza de encontrar alguna respuesta tras el cristal. Olía a humo. Sin embargo, nadie había encendido ningún cigarrillo.

– Algo tendremos que hacer.

– Y lo haremos. – respondió uno de ellos.

No recuerdo quién lo hizo primero. Pero antes de un minuto, cada uno de ellos fue saltando hasta estrellarse contra el asfalto.

Solo quedó uno, quien definitivamente gobernaría el país.